Consejos CFER: Posticería, más que pelucas

La peluquería tiene muchas especialidades: recogidos, cortes, caballeros e incluso tratamientos capilares. Entre todas ellas hay una que resurge con mucha fuerza, es la posticería.
Conocida desde la antigüedad y usada con más o menos atrevimiento a lo largo de los siglos, la posticería vive hoy otra de sus épocas doradas. Atrás quedaron sus limitaciones confeccionando pelucas, bisoñés o postizos faciales como barbas o bigotes. Ahora sus técnicas de tejido de cabello ha evolucionado hasta crear también extensiones, rastas, tocados, apliques para el cabello y un largo etcétera.
Para que todos estos trabajos tengan la garantía y calidad requerida, es fundamental que la persona que los realiza disponga de unos conocimientos teórico-prácticos sólidos. En este sentido hay quien sabe colocar, pero el verdadero profesional de la posticería debe conocer y trabajar todas las etapas, desde el diseño, el tejido, el montaje y la fijación.
Aunque la oferta aún sigue siendo un tanto reducida, ya hay centros que ofrecen una formación global en la especialidad de posticería gracias a la puesta en marcha de talleres propios donde se imparten cursos temáticos. En ellos, profesores experimentados guían al alumnado para que aprendan a manejar los útiles que habitualmente se emplean, manipular y preparar tanto el cabello natural como la fibra sintética (según el caso), tomar medidas, construir monturas, tejer con diferentes técnicas y realizar acabados (rizado, coloración, corte, adaptación, …). Con todo ello sabrán confeccionar todo tipo de postizos, pudiendo además dar rienda suelta a su creatividad.